sábado, 22 de septiembre de 2012

Lila en el cielo






Lila en el cielo,
malva entrañas,
finos reflejos
agitan el alma.

Corazon, danza!
noche propicia,
peces saltan,
brilla tu sonrisa.

Amores sin colores
en la noche entregada
vidas abiertas,
corazón naranja.

Hablar, sin fin dialogar,
quimera perfecta,
discutir, divagar,
contar las estrellas.

El agua de la vida
se escapa entre los años
y la noche estira
paraísos extraños.

Alegría profunda
es nuestro regalo,
primavera en otoño,
mariposa y abrazo.

Y otra vez flota,
vuelta del naufragio,
en el espacio sin nombre,
tranquila,
sincera,
esa sospecha infinita
que acompaña la felicidad.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Y la vida sigue












Y la vida sigue
el planeta tierra rodará
la hierba crecerá
y los restos del naufragio
serán batidos con saña por el mar.

Aquel barco que subía al viento
contra la tosquedad,
tensa la botavara,
de amor fuertes las jarcias
quedará convertido en arena,
un día igual que otro
y nada más.

Y la vida sigue
arrojarás la llave
de tu prisión al viento,
lanzaré mi luz
por valles oscuros,
el día parecerá cierto,
los ojos ardientes
y el sol no saldrá.

Y la vida sigue,
ya no hay tristeza,
se fue con la esperanza,
el semáforo cambia,
el calendario no se detiene,
los años pesan
y vacían el alma.

Ilusiones del ayer
el tiempo pasa con su lanza,
ruidos en el recuerdo,
haremos cuanto piden,
vieja la piel,
estaremos muertos,
y la vida sigue.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Tela de agujeros
















Entre burbujas te he soñado
vapor de agua de caramelo
palabras tiernas en los ojos
piel canela entre agujeros.

El verano, prendado de tu boca,
septiembre, ese ungüento detenido,
ardor de ayer, verde en tu pelo
y en tu falda aire de mirtilo.

Mi vida se va con la foto borrada
y vuela por esos lunares huecos,
ventanas de corazas y mordazas
por donde transita un amor sincero.

Aún palpita el blanco ibicenco,
aquel blanco suave al despertar
en un mundo nuestro que ya no existe:
¿piensas que esa mañana volverá?

Te miro y veo agua
el deseo de tocar la lluvia quema,
conocer la nieve derretida de tus labios
es la condena.

viernes, 24 de agosto de 2012

Playa de Gerra

En la Playa de Gerra, las olas vuelven el tiempo atrás. La espuma que salta hace el aire irreal. Al cabo de un tiempo, nadie sabe dónde está. La hierba es azul, el cansancio se olvida y las personas no tienen edad. Las dudas vuelan con el viento y los recuerdos son velas transparentes que se hunden en el mar. Amor, viento blanco, verde en la piel, da la vuelta al mundo y dile que nunca la olvidaré.

Y las olas siguen hablando: ruge mar, suelta tus riendas, canta a los montes, besa praderas, explica a los hombres que la paz viene del fondo, que la vida es risa y agua, y un despertar del alma hacia ese otro lugar en el que existe la felicidad.


Ola brava y lejana,
danos mentes alegres
que sepan beber vientos fuertes.

Ola que subes montañas,
retumba timbales,
corta la espuma,
azota cortinas de piedra
en las almas.

Ola perdida entre las rocas,
siempre última y primera,
encuentra oídos abiertos:
la soledad es mala consejera.

Ola brillante de la ría
entre puntillas de sol y arena,
cuida a los amigos de la pena.

Olita tierna, hojita de alga,
que mojas la cintura al despertar,
salva a mi niña
de la patraña.

Olita suave, olita amable,
besa los pies cansados,
esparce caricias
tras vendavales.

Olita chica, olita mansa,
si besas la playa,
dile a mi amor
que la espera es larga.

Olita plana, olita rota,
que sepan todos
que la vida
es eterna y corta.

sábado, 11 de agosto de 2012

Islas














Calor mas allá del verano,
derretido, me mola Madrid.
La soledad, tan feliz y hechicera,
tan malvada y tierna,
recuerda el agua y las cuerdas.
La soledad con uno mismo,
esa medicina certera,
profunda cura de libertad.

Gente viajera,
incienso en los ojos,
el vodka que quizás no bebí
se incendia en la mesa.
¿Sabe alguien lo que de mi se espera?
¿Todavía tengo algo que decir
antes de que amanezca,
algo que quitar a los otros,
algo que dar a las nubes,
sentir algo nuevo, o amar?

Somos un minuto,
el friso de una estrella.
Somos islas
que no queremos vivir
en soledad.

lunes, 6 de agosto de 2012

Los Secretos

A través de mi buen amigo E.I. he redescubierto a Los Secretos. Aquel grupo de la nueva ola, que nos hizo bailar en los años 1980 y 1990 con música pop-rock efectiva e inolvidable, sigue en activo y hace gala de una energía asombrosa. La fuerza desplegada en cada concierto por Alvaro Urquijo, que asume la responsabilidad de poner voz y alma a cada canción, es formidable. Las múltiples guitarras de Ramón Arroyo demuestran su virtuosismo, encajado a la perfección con el conjunto. El núcleo central del grupo lo completa Jesús Redondo en los teclados, que da una dulzura especial. Normalmente actúan también con bajo y batería, pero este verano vimos un concierto acústico memorable con estos tres artistas tocando al aire libre bajo el cielo de Madrid.

La energía de Los Secretos nos hace sentirnos más jóvenes. En este blog aparecieron ya mencionamos cuando hablamos de la importancia de los  Cantautores para la cultura. Lo interesante en este caso es que se renuevan sin cesar. Existen por supuesto las canciones imperecederas que tenemos grabadas en la memoria, como Déjame, Vete ya de mi vida, o Todo sigue igual, que son paralelos de aquellas baladas de grupos ingleses como The Police. Pero también cuentan en su larga historia con piezas de gran contenido, entre las que destacan Agarrate fuerte a mí, María, que dedicó Enrique Urquijo a su niña antes de morir, como un himno premonitorio, o Pero a tu lado (una preciosa canción de amor que cuenta con casi dos millones de reproducciones en este video de Youtube), cantada por Álvaro con esa voz al tiempo dulce y amarga como el buen café. Algunas baladas sugieren cruces de melodías, por ejemplo, La calle del olvido suena con raíces americanas.

Al redescubrir esta música entrañable, he visto también a gente entregada a Los Secretos, coreando de principio a fin las canciones, expertos académicos en el grupo, a seguidores por miles en Facebook, a jóvenes de todas las edades aplaudiendo a rabiar, y todo esto confirma el enorme atractivo del arte sincero. Alvaro y los otros quieren y, al mismo tiempo, sufren la fama como modo de vida, pero no pueden renunciar a esa forma de comunicar que es hacer sentir a los demás a través de su arte. En todo este proceso, la música es importante, pero yo diría que la palabra lo es tanto o más. Los cantautores son ante todo poetas, que saben decir de manera simple y envolver en melodías cosas que mueven el corazón de los otros. Enhorabuena!

Este veneno del arte es el rayo que no cesa. El grupo sigue actuando y también sigue creando. Una de sus canciones recientes se encuentra entre mis preferidas. En 2011 presentaron En este mundo raro, donde muestran su perplejidad ante un mundo complejo e incomprensible. Pero, al final, no quieren mundos distintos, sino seguir en este “contigo”, enamorado. Pura poesía en la letra y un sabor country en la música que recuerda a Jackson Browne y a tantos clásicos de la costa oeste. Muchas gracias, Secretos. Por favor, seguid creando.

lunes, 25 de junio de 2012

Una noche en la Danza

La vida es muy complicada y la danza la hace mas simple. Una música rítmica mueve nuestros cuerpos sin querer. La pesadez de espiritu se olvida en un vuelo. Se dibuja una sonrisa animal y ya está: el baile ha disuelto las preocupaciones. Con la danza clásica, la misma sensación se vive por persona interpuesta. La libertad se ve y se disfruta en un cuerpo que no es el nuestro. Al no contar con palabras cargadas de significados, la danza es un arte puro y directo. Comunica solo con el movimiento y por eso podemos leer mucho y muy diverso.
La Compañía Nacional de Danza, que está muy bien gestionada, ha presentado en Madrid “Una noche con Kylian”, con tres piezas de Jiri Kylian, un coreógrafo checo afincado la mayor parte de su vida en Holanda. El espectáculo podría llamarse también “insomnio, amor y muerte”, porque las tres partes están netamente diferenciadas y contienen tres mensajes separados. Quizás uno de los intereses del montaje sea experimentar fases diferentes de un mismo artista, y como suele ocurrir, la evolución de sus enfoques.
La primera pieza, Sleepless, es la mejor, porque supone un condensado de danza contemporánea lleno de cuadros atrevidos que sugieren problemas muy actuales, como la soledad, las dificultades para entenderse, la vida rasgada en la gran ciudad, o la falta de referencias estables. Los bailarines habitan dos mundos, uno sus guaridas, donde quizás duermen o velan, y otro sus sueños, preocupaciones y pensamientos, que ofrecen al espectador. Los gestos individuales son fuertes y expresivos, y los pasos de dos constituyen magníficos complementos entre hombre y mujer. Aquí ofrezco una muestra bailada por el Nederlands Dans Theater para quien no pudo verla.
La segunda parte, en buena lógica, podría estar situada la primera, ya que es una recreación de los esquemas clásicos, con seis parejas, que durante un tiempo actúan de manera geométrica. La pieza se titula Petite Mort y claramente nos remite al tiempo de las amistades peligrosas y los mosqueteros, ese mundo en el que la muerte y la vida se jugaban en un duelo, y los amores eran todavía perdidamente románticos. Ellos manejan floretes, ellas vestidos rígidos y negros. En efecto, las ideas del amor y de la muerte flotan dibujadas en el ambiente, pero, salvo en los pasos de parejas, donde se vive la tensión, no trascienden.
Al final, la Sinfonía de los Salmos es un momento escenográfico espectacular, donde el rojo del fondo de alfombras contrasta con el gris de las ropas y la luz de través. La música de Stravinsky es perfectamente interpretada, pero resuena y ordena demasiado. La coreografía sigue al pie de la letra las melodías del compositor ruso pero, aún así, transmite un mundo de sensaciones religiosas. El destino de las parejas (cuerpo y alma, en lugar de hombre y mujer), avanza, ellos caminan lentos, mientras los sentimientos de culpa, los reveses de la vida, y las alegrías más salvajes se van sucediendo. Esos episodios les hacen salir del grupo y vivirlos intensamente, pero luego vuelven a integrarse en el río de la vida. La pieza tiene una solemnidad y una liturgia física que deja un tanto sin respiración.
Por eso, lo mejor, tras el ballet, es irse a tomar una cena al aire libre y reir hasta no poder más, para poder reconciliar tanta belleza.